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Creatividad y política tributaria

Por Mariano Tappata PhD UCLA, Universidad Nacional de Río Negro y UTDT @marianotappata

Argentina se enfrenta al mismo problema de siempre. ¿Cómo reducir el déficit fiscal cuando el margen de maniobra es nulo (o, siendo muy optimistas, mínimo)? Porque las fuerzas políticas relevantes han aceptado que la baja del gasto es una restricción política, y porque aumentar la recaudación cuando las alícuotas son tan altas como las vigentes parece más una ilusión que una realidad. Sin embargo, en momentos como el actual, donde se cranean planes económicos a las apuradas, no dejan de sorprender las propuestas diarias, casi aleatorias, de nuevos impuestos o subas de alícuotas sobre tributos existentes (retenciones, Bienes Personales, etcétera).

Yo propongo que seamos más creativos y que direccionemos nuestros esfuerzos a mejorar el sistema impositivo a través de canales que, si bien son poco explorados en un curso de finanzas públicas, ya han mostrado éxito en el pasado o lo hacen actualmente en otros países. Un ejemplo puntual es la implementación de programas antievasión que transforman los recibos de compras en tickets de lotería para los consumidores. Algo similar al programa LoterIVA que se implementó en nuestro país durante los ‘90. Este tipo de programas están ganando popularidad en varios países (incluyendo nuestro nuevo faro: Portugal) y tienen mucho potencial en países como Argentina, donde coexiste un alto grado de evasión con un sistema tributario basado principalmente en impuestos al consumo.

Los impuestos como el IVA o Ingresos Brutos utilizan las ventas como base imponible y están estructurados con un sistema de crédito y débito fiscal que permite el control, por parte de las empresas, de todas las ventas intermedias en la cadena de valor. Sin embargo, la venta final sufre la falta de control. El consumidor final no tiene el mismo incentivo a reportar sus compras que sí tienen las empresas intermedias y, por lo tanto, se estimula la subfacturación y evasión de ventas finales. A su vez, por su naturaleza, las ventas finales son realizadas principalmente por pequeños comerciantes, un segmento que resulta muy costoso y difícil de fiscalizar. Los programas de loterías apuntan justamente a resolver ese problema de “última milla” y mejoran la fiscalización apalancándose en el uso de nuevas tecnologías y delegando el control a terceros (los consumidores).

Una propuesta puntual es la implementación de programas anti-evasión que transforman los recibos de compras en tickets de lotería para los consumidores: algo similar al programa LoterIVA que se aplicó en los ‘90.

Un ejemplo actual y cercano ocurre en Brasil. En 2007, el estado de San Pablo implementó el programa Nota Fiscal Paulista (NFP) que utiliza una app para que los consumidores puedan fiscalizar sus compras y, a cambio, tengan la posibilidad de recibir descuentos sobre el impuesto pagado y premios a través de sorteos. El vendedor debe reportar sus ventas a la autoridad fiscal de manera desagregada y con la CUIT del comprador. Los compradores reciben un ticket de lotería cada 50 dólares gastados y pueden chequear el balance de tickets en su cuenta online. A su vez, si las transacciones reportadas por los vendedores no coinciden con sus compras (en los montos o en las transacciones), éstos pueden realizar una denuncia rápida y online.

Los programas como el NFP generan dos efectos. En primer lugar, aumentan los incentivos para que los consumidores reclamen el recibo de sus compras y reducen las chances de que el vendedor y el comprador lleguen a un “acuerdo tácito” de no facturar el impuesto y repartir lo ahorrado entre ellos. En segundo lugar, reducen la facturación apócrifa por el mero hecho de que el consumidor puede verificar sus compras y denunciar al vendedor en caso de discrepancias. Este último efecto se logra gracias al avance tecnológico que permite el uso de apps y verificación online, y su impacto es mucho más importante que el que existía con el sistema LoterIVA ya que en aquel entonces sólo los tickets que resultaban seleccionados en la lotería eran verificados.

La implementación de este tipo de programas permite ahorros en costos de fiscalización, pero genera costos adicionales a través de los premios. Esos costos deben ser sopesados con los beneficios obtenidos. De acuerdo al estudio para el caso de San Pablo de Joana Naritomi del London School of Economics[1], los costos ascienden al 33% de la recaudación del IVA sobre las ventas finales (30% de descuentos en la obligación fiscal en la última etapa del IVA y 3% en premios de lotería). Sin embargo, el resultado neto es positivo. Las ventas reportadas al Fisco de empresas del sector retail aumentaron 21% entre 2007 y 2011, y el aumento en recaudación neta de costos de implementación se estima en 9,3%.

La parte interesante es que estos programas no sólo permiten aumentar la recaudación de un impuesto importante y generalizado como el IVA, sino que generan un cambio cultural y “nivelan la cancha” para los comerciantes. La mayor equidad tributaria resultará en mejoras en la competencia del mercado ya que se premia a las empresas eficientes y no a las que logran menores costos a base de evadir o subfacturar impuestos.

Más allá del efecto cultural positivo y de equidad tributaria, los efectos recaudatorios de un programa como el NFP pueden ser significativos para nuestro país. La recaudación promedio de IVA en ventas finales en Argentina es aproximadamente 16,5% de la recaudación de toda la cadena y, si el programa lograse un aumento del 9% de la recaudación neta, como en Brasil, la recaudación total de recursos tributarios nacionales aumentaría en 0,5 puntos porcentuales. Para poner este número en perspectiva, la recaudación del impuesto a los bienes personales en 2018 representó 0,43% de la recaudación total. Es decir, sólo con mejorar la fiscalización y la equidad tributaria de las ventas finales del IVA se podría lograr un aumento en recaudación mayor a toda la recaudación del impuesto a los bienes personales.

Los resultados del programa NFP en Brasil son contundentes. Quizá los economistas que se focalizan en el diseño de sistemas impositivos óptimos deban dejar de tomar a la autoridad recaudadora como un agente pasivo del proceso. A veces, un poco de creatividad puede ayudar a resolver problemas fiscales sin necesidad de aumentar alícuotas, bases imponibles o crear nuevos tributos.

[1]American Economic Review 2019, 109(9): 3031–3072. https://doi. org/10.1257/aer.20160658.



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