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Peronia en un mundo bajo el agua

La semana pasada escribí sobre la baja de tasas de la FED, la primera en 11 años.

Te comenté que era un movimiento que apelaba a la cautela dado que, a mi criterio, Powell no está queriendo repetir los mismos errores que se cometieron una década atrás (que, en buena medida, dispararon la crisis sub-prime). En aquel entonces, la FED había cometido un doble error:

1. Había inflado los mercados mediante casi un lustro de tasas inédita y demencialmente bajas (2001-2005),

2. Luego de ese lustro, una realizó una “paniqueada” subiendo las tasas de manera acelerada en poco tiempo. Concretamente, más de 500bps en 2 años (2005-2007).




Por esto es que la FED, en un contexto mundial enrarecido, no se quiere adelantar a los hechos y busca que USA y el mundo primero se acomoden a un nivel de tasas como el actual. Recién luego de constatar que se está pisando terreno firme retomará el sendero alcista, pero de manera muy gradual.

Hasta ahí es que llegamos la semana pasada.

El asunto es que esta semana también ha venido cargada de noticias ligadas a ello.

La primera: China devaluó el yuan, y eso provocó un cimbronazo, tanto político como financiero.

Concretamente, China elevó la banda de fluctuación del yuan en represalia a la última amenaza que USA llevó a cabo, al fijar nuevos aranceles. Si bien el Banco Central de China tomó medidas para estabilizar la moneda el día siguiente, la estrategia quedó al descubierto: el gigante asiático mostró los dientes dando una prueba de que estaría dispuesto a “amortiguar” los golpes de los aranceles americanos con depreciación de su moneda. Una respuesta donde a Trump más le duele.

Está claro, es una medida que no traería grandes ventajas para China. La tiene que verse analizada en el marco de esta disputa comercial con USA, donde el ganador probablemente termine siendo el que menos pierda.

Porque está claro, con este tipo de iniciativas pierden todos.

Por ejemplo, ya los mercados mundiales no responden tanto a devaluaciones efímeras, como ocurría antes. No es tan instantánea esa respuesta, las cadenas logísticas ya están desarrolladas y mudarlas lleva tiempo. Por otro lado, las deudas chinas nominadas en dólares (por ejemplo, parte de deudas del sector inmobiliario) se podrían ver altamente perjudicadas. En China hay una burbuja inmobiliaria y esto podría agravar aún más la situación. Obviamente, esto también implicaría una caída en los salarios chinos ya que, automáticamente, los productos importados sufrirían aumentos.

Queda claro que esta “escalada” en la áspera negociación entre los dos titanes globales traerá daños colaterales, y es por eso que los inversores están “volando hacia la calidad”.

Concretamente, no resulta casual que durante estas últimas semanas, mientras se daba todo esto, la tasa de los treasuries americanos a 10 años se desplomó sobremanera, al tiempo que el oro se ubica en máximos en más de un lustro.

Imagen: evolución del valor de los treasuries americanos a 10 años

Los capitales mundiales avizoran tiempos más friccionados e inciertos, y por eso apuestan a activos seguros, lo que en la jerga se conoce como safe haven (‘refugio seguro’).

En el resto de los países ocurre algo similar, basta ver este cuadro, que tiene las tasas de los bonos de distintos países. Las tasas mundiales siguen bajo el agua. Es el reino del revés.



¿Cómo nos pega todo esto?

Esto no son “malas noticias”. De hecho, este exceso de cautela del FMI nos beneficia ya que, en un entorno en el que nuestra deuda se acerca al 100% del PIB, que el piso de tasa de interés mundial se mantenga y/o caiga es bueno. Eso alivia, o al menos no le pondrá todavía más presión a nuestro programa financiero… que, en mi opinión, no es más que un esquema Ponzi a macro-escala.

Más allá de esto, a nivel local, incluso con el mundo ayudando, el escenario más probable sigue siendo tétrico. Te traigo algunos números que ayudan a evidenciar la gravedad y fragilidad del asunto:

El 75% de los depósitos de la banca ya están en manos del BCRA. Claro, el Banco Central los “chupa” con LELIQ. O sea, la gente deposita pesos y los bancos luego se los prestan al BCRA a tasas demenciales. Este experimento monetario de Sandleris es insostenible.



Por otro lado, en tan solo 16 días fue liquidado el último desembolso del FMI. Sí, a Peronia no le alcanza ni siquiera el 61% de la cartera de préstamos de dicho organismo. El Estado Argentino es un barril sin fondo, un agujero negro, un Ponzi.

Sobre ese contexto, lo cierto es que lo que pase en el resto del mundo parece irrelevante. Los problemas locales son tan graves que, incluso con un riesgo país de 500 puntos, igual estaríamos en serios problemas.

Dadas las magnitudes, podemos concluir que, en el mejor de los casos, estamos en presencia de un pronóstico más que reservado.

No es casualidad que Bloomberg hoy nos esté calificando como el país más vulnerable del mundo.

Sí, hemos vuelto ahí.

Somos mártires globales. Y los mártires, al final del día, no son más que narcisistas.

Para el diván.

Hasta la semana próxima,

Juan I. Fernández

Para CONTRAECONOMÍA