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El capitalismo prefiere a Evo, no a Macri

Si quedaba duda de que política y mercado van por caminos distintos, sino opuestos, y que el discurso de los políticos suele ser engañoso, veamos el caso de Argentina supuestamente inclinada al mercado -alineada con el G-20, y EE.UU.- . y Evo, que es un populista que detesta al capitalismo. Nada más equívoco. “Wall Street” prefiere a Bolivia. Así nomás.
La realidad es que Morales viene apadrinando una política más pro mercado -aunque todavía lejos- que Argentina. En el país del altiplano, la presión fiscal ronda el 26% del PBI (con Macri, el 33%), la inflación acumulada en 2018 fue de 1,51% (en Argentina, 47,6%), bajó el desempleo hasta el mínimo histórico de 4,2% y las tasas de interés son muy inferiores a las argentinas.
Así, Bolivia está entre los de mayor expansión de la región. Cerró 2018 con un crecimiento del PBI de 4,7% y la CEPAL estima 4,4% en 2019, habiéndose expandido un 78% a precios constantes en el período 2006-2017 logrando bajar la pobreza del 59,9% al 36,4%, casi el nivel al que llegará Argentina en 2019 cuando, según estimaciones, el PBI per cápita vuelva a niveles de 2007.
Y Wall Street lo sabe. Además de que Bolivia tiene acceso al crédito internacional a tasas razonables -no así Macri- recibe inversión extranjera directa creciente -116% más en 2017 respecto de 2016- y en Argentina cae. Pero no todo es bueno, por caso, la rentabilidad de las AFP (privadas, aunque con un oligopolio establecido por el Estado) hasta diciembre de 2010 superaba el 8% anual, pero en 2018 cayó a un 2%, debido a que ahora el Gobierno les prohíbe invertir en unos instrumentos que son los de mayor rentabilidad.
Entretanto, aquí pasamos un veranito artificial, o tranquilidad del cementerio según se mire. Estable el dólar -gracias a tasas altísimas de Leliq, que matan la producción- riesgo-país y tasas en baja, mientras sube la altísima presión fiscal (60,5% de la renta agrícola según FADA).
Es cierto que sobrecumplen las metas de déficit fiscal y quizás logren el déficit primario cero en 2019, aunque falta para que el déficit -con intereses de deuda incluidos- tienda a cero, sobre todo porque la recaudación tributaria que cae, en términos reales, complicará todo. Pero esto no hace directamente al sector privado, al sector productivo.
Los datos de 2018 auguran un futuro peor, a pesar de los pronósticos. En noviembre, la actividad cayó 7,5% (y bajo -6,4% en diciembre, según Ferreres), la industria se desplomó 13,3%, la construcción cayó 15,9%, el consumo bajó 6% y el empleo registrado retrocedió 1,4%.
Según el último REM, el PBI real en 2019 caería 1,2%, luego en 2020 crecería 2,5%. Pero como siempre los del REM se corrigen para abajo, debemos esperar números significativamente peores. De hecho, pronostican que la inflación llegaría a diciembre en 29,9% cuando hace poco proyectaban “solo” 15,5%.
El BCRA, sólo en enero compró u$s 560 M -$20.876 M-, así la meta de Base Monetaria (BM) pasó de $1.351.000 M a $1.358.000 M, siendo de $1.372.000 M para los meses siguientes. La BM hoy está en $1.367.319 M; si sumamos la deuda en Leliq, pases y otros llega a $2.186.682 M. Las reservas del BCRA suman u$s66.413 M, y con el ingreso en marzo del cuarto tramo del FMI -u$s11.000 M- quedarían en unos u$s77.000 M. El endeudamiento total del BCRA, incluidas Leliq, pases y otros, es de $823.245 M, unos u$s22.164 M, el 33,4% de las reservas.
Ahora, la estrategia parece ser el acopiar reservas sin expandir la base monetaria. Por ejemplo, recibiendo dólares del FMI y absorbiendo pesos vía Leliq. Pero, al no comprender que la inflación es el exceso de emisión en tiempo real sobre la demanda de moneda, se cometen una serie de errores que, al contrario de lo que pretenden, alimentan la inflación igual que la emisión para comprar dólares o rescatar Leliq.
Irónicamente, la misma colocación de Leliq es inflacionaria, ya que absorbe demanda de dinero en tiempo real aumentando la diferencia con la sobreoferta, a pesar de que el BCRA y muchos analistas -neo keynesianos, o clásicos- creen que la inflación es el exceso -estático- de moneda en el mercado y, por tanto, creen que absorbiendo pesos se soluciona. Además, si los bancos se desprendieran de estos títulos, es probable que el BCRA obligue a subir los encajes, lo que es inflacionario ya que supone una contracción de la demanda monetaria.
Todo movimiento monetario artificial -no surgido del mercado- es inflacionario. Así, la baja de encajes a partir de febrero inyectaría más dinero, y aunque no modifica el total de la BM (igual a circulación más encajes), es inflacionaria porque supone aumentar la oferta de circulante no solicitada por el mercado.
En fin, así como Macri no consiguió inversiones en su primer viaje a Davos ni en ningún otro periplo, tampoco las conseguirá en la India en tanto no baje la presión fiscal, la inflación y las tasas de interés. De modo que, en lugar de gastar en este próximo viaje el dinero de este país empobrecido debería, de mínima, imitar las políticas de Morales.
(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

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