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The Truman Show

La gran película de los años ’90 parece inspirada en la economía argentina.
A fines de los 90s surgieron varias películas memorables.

Entre ellas -y a mi humilde juicio- considero se encuentra “The Truman Show”, un clásico filme protagonizado por Ed Harris y Jim Carrey, donde este último es adoptado y criado por una corporación dentro de un show televisivo de realidad simulada que se centra en su vida.

En esta nota te voy a contar como esa famosa película se vincula con el último paquete de medidas tributarias anunciadas por el oficialismo, y sus posibles consecuencias que no pintan demasiado buenas. 
Desglosando el anuncio
Durante la jornada del jueves se publicó en el Boletín Oficial la reglamentación del famoso y nefasto “Impuesto a la renta financiera”, tan esperado por los sectores de izquierda y centro izquierda que tienen de rehén a nuestro país.

En concreto, el decreto 1170 completa la reglamentación de la ley 27.430 de reforma tributaria mediante un extenso y complejo escrito, de 68 páginas.

Estas son las principales novedades, a modo de resumen:

1. El Mínimo no Imponible será de unos $66.900 para 2018. Esto es un total anual, correspondiente a meramente ganancias percibidas durante dicho ejercicio.

2. Los títulos públicos nominados en dólares pagarán 15%.

En caso de que el título se compre “bajo la par” (O sea, a precio de descuento), el costo que se calculará para estimar la ganancia será menor, por lo que implícitamente se pagará más.

4. Plazos Fijos, Bonos nominados en pesos y Lebacs pagarán 5%.

5. Las acciones quedan exentas del Impuesto a las Ganancias.

6. Los ADRs argentinos pagarán el 15%.

7. CEDEARs pagarán el 15%.

8. ONs (Obligaciones negociables) nominadas en dólares pagarán el 15%; las nominadas en pesos pagarán el 5%.

9. Los bonos de Brasil y Bolivia están exentos del impuesto a las ganancias.

10. Los FCIs nominados en dólares pagarán el 15%; mientras que los nominados en pesos pagarán el 5%.

Implicancias
Como intuyo habrás podido inferir y como te anticipé en esta notaesto resulta una tremenda tomada de pelo al ahorrista, pero también una trampa para el crecimiento económico de mediano y largo plazo.

Es que el raquítico mercado financiero argentino justamente necesita crecer para contribuir al florecimiento de la inversión privada, hoy en niveles que no resultan ni por cerca suficientes a los que deberíamos tener para pensar un proceso de crecimiento económico sano para los próximos 20 años.

De esta manera, esto no es más que otro GRAN palo en la rueda para el país, ya que generalmente son los actos de mala praxis de este calibre los que terminan generando secuelas crónicas indeseables en nuestra economía, y, por ende, en nuestra sociedad.

Dejando de lado un poco el histrionismo, te lo resumo: básicamente, el incentivo que el oficialismo está dando a la población con esta política económica de corte marxista es el siguiente: “compren dólares y sáquenlos del banco”.

Si bien la parte de “sacarlos del banco” es una mera exageración hiperbólica del asunto, lo cierto es que, dado el modus operandi oficialista, no resulta nada descabellado suponer que, en caso de que vean que el público realmente abandona los activos financieros tradicionales para fugar dólares del sistema financiero ante tanto avasallamiento sobre las libertades en torno al ahorro, reinstauren un “Cepo cambiario 2.0” y/o un tipo de cambio diferencial para la compra/venta “especulativa”.

No creo que vaya a ocurrir, pero por cómo trabajan y piensan a la economía, llegado el caso de quedar contra las cuerdas, no lo descartaría.

Es que realmente actúan como si su principal objetivo fuera el paulatino arrinconamiento fiscal del individuo argentino.

En otras palabras, pareciera como si quisieran regular absolutamente todo acto económico posible, independientemente de lo que pueda sugerir la ciencia económica; o sea, ignorando cualquier tipo de análisis serio sobre si realmente gravar una actividad resulta beneficioso -o no- para la sociedad.

La praxis ha dejado de importar a esta altura; lo que importa es controlar y gravar todo lo que sea posible, sin importar las consecuencias. Algo así como un “Truman Show económico”.

Incapacidad crónica de aprender de los errores
Más allá de lo nefasto de la medida, tal vez lo más preocupante es la prácticamente nula capacidad de aprendizaje de nuestra clase política.

Es importante tener en cuenta que el desastre económico que vivimos, que implica -sólo en lo que va del año- una suba del riesgo país de más del 130%, una devaluación superior al 110%, una recesión notable y una inflación récord en casi 3 décadas, tuvo su puntapié casi exactamente un año, cuando el Jefe de Gabinete Marcos Peña anunció el Banco Central se había kirchnerizado.

El asunto es que no ha sido solo eso: semanas atrás del famoso 28D (o sea, noviembre 2017), el Ministro de Hacienda de la administración Continuemos, Nicolas Dujovne, presentó en su momento conferencia de prensa un tibio paquete de modificaciones en el sistema tributario, donde se incluían estos puntos

Así, poniendo en perspectiva los hechos, todo parece indicar que este combo populista de tres piezas de fines de 2017 (Anuncio del impuesto a la renta financiera, el 28D y la apresurada baja de tasas de fines de 2017 y principios de 2018) ha sido tremendamente costoso.

Habiendo dicho esto, y a la luz de los últimos hechos, lo que vemos es que, no solo no han torcido el rumbo ante tamaño fracaso en las políticas aplicadas, sino que incluso han redoblado la apuesta. Recordemos que la modificación en ganancias no sólo se ha circunscripto a lo financiero, sino que también, por ejemplo, se han coartado otro tipo de libertades económicas, como por ejemplo las deducciones de alquileres de ganancias. En concreto: hasta este decreto, en una pareja que pagaba un alquiler, cada integrante podía descontar hasta 40% del mismo del impuesto a las ganancias. Ahora con esta modificación, ese 40% será entre los dos integrantes, elevando al doble la máxima deducción posible.

Como vemos, esto es un mero ejemplo, pero se entiende la idea fuerza.

Nuestra clase política no está jugando a mejorarnos la vida; está jugando a lo mismo que Christof jugaba en “The Truman Show”. O sea, a crear una suerte de manipulación sistémica para mantenernos cautivos en una siniestra cárcel fiscal que cada vez resulta más asfixiante.

Jim Carrey pudo escapar en el filme. ¿Nosotros podremos?

Hasta la semana próxima,

Juan I. Fernández

Para CONTRAECONOMÍA