https://mail.google.com/mail/u/0/?ui=2&ik=3ab76eea9c&view=att&th=1648a6d4d6c2fa40&attid=0.1&disp=safe&zw

Preocupa la cadena de pagos y empresas aplican plan de emergencia para tener cash

"Hoy nos enfocamos más en cobrar la mercadería que está en la calle que en vender más. El negocio financiero está por encima de cualquier otro". 

Quien habla, con sinceridad pero pidiendo resguardo de su identidad, es el gerente comercial de una de las fábricas de alimentos más grandes de la Argentina. 

La orden que le impartió a su plantel de vendedores no deja margen para equivocaciones: la prioridad pasa por cobrar lo antes posible. Achicar los plazos. Incluso, a cambio de otorgar bonificaciones en las próximas ventas.

La explicación que da es sencilla: la mercadería almacenada no pierde su valor y puede ser distribuida bajo una lista de precios retocada. En cambio, el atraso en la cobranza implica una pérdida financiera irrecuperable, que a algunas empresas las puede llevar a la desaparición.

La dilación en la cadena de pagos en algunos sectores, en algunos casos a niveles insostenibles, rankea entre los temas que más les preocupa a los empresarios y, muy en particular, a directores y gerentes de administración y finanzas. 

Con tasas de interés "imposibles", y que incluso han tenido recientemente recorrido alcista pese a estar en niveles históricamente altos, las empresas -desde las líderes hasta las Pymes- se ven obligadas a implementar todo tipo de estrategias para mantener a flote su capital de trabajo (efectivo + créditos por ventas - deudas de corto plazo). 

La incertidumbre alienta maniobras defensivas y la especulación está a la orden del día. Un reconocido ejecutivo de una compañía, líder en su rubro, afirma: "Paso más tiempo renegociando contratos o condiciones de venta que pensando en vender más". 

Esto, "pese a ser consciente de que para enfrentar este durísimo momento económico no queda otra que sumar clientes, para así compensar la caída de la facturación de los que tenemos o reemplazar a los que ya bajaron la persiana", añade a iProfesional. 

Con su rostro que denota una marcada preocupación, prosigue: "Me paso los días de banco en banco, quemando cheques, viendo de descontar facturas o buscando nuevos avales".

El estrés le pasó factura. Cuenta que desde hace un par de meses se medica contra la ansiedad y que se le hace difícil descansar por las noches.

El ahogo financiero, lejos de darle un respiro, se exacerbó esta semana, luego de que el Banco Central pusiera en marcha un exigente programa monetario en busca de aquietar el dólar.

Las consecuencias de ese plan están a la vista: las tasas en pesos tuvieron un salto adicional que lo llevó a niveles récord para esta crisis. 

Algunos datos ilustran a la perfección el momento actual: 

1.- El tipo de interés de referencia del mercado (el que ofrecen las Leliq) se ubica en el 70% anual. Eso significa que, aguas abajo en la economía, el dinero también se encareció, lo que complica aún más el clima de negocios.

2.- Por el descuento de cheques, los bancos ya cobran 70% promedio a las empresas medianas y chicas. Dos veces y media más que el promedio vigente hasta antes de que estallara la crisis cambiaria (28%)

3.- Descontar un valor de $10.000 a 90 días para hacerse del cash significa dejar en el camino casi $2.000. Concretamente, recibir $8.140, lo que implica que se le esfuma el 23% de lo facturado

En su intento por sortear el actual contexto, son varias las compañías que están acortando los plazos de venta, renegociando con proveedores u ofreciendo importantes descuentos por pago de contado. 

En algunos rubros, la situación se fue tornando tan compleja que con "plata en mano" se pueden conseguir rebajas de entre 5% y 10% en la compra de mercadería.

No es casual el repunte en la cantidad de cheques rechazados: sólo en agosto ascendió a algo más de $4.500 millones, el doble del mismo mes del año previo ($2.250 millones).

Los plazos cortos se han generalizado y las bonificaciones dependen de los rubros. Quienes venden productos importados están a dispuestos a otorgar rebajas de hasta 10% por cancelaciones en las primeras 48 horas. Y de 5% si el plazo no supera la semana.

Caída de consumo, devaluación, sostenimiento del capital de trabajo, una carga impositiva difícil de soportar en tiempos de crisis hacen que cada vez sean más las empresas que no puedan darse el lujo de esperar semanas por el cobro. Prefieren resignar margen o salir "hechos" con tal de no perder al cliente.

Por fuera de los importadores, las bonificaciones incluyen a compañías de primera línea. Algunas, del rubro alimenticio o productos de higiene, están tentando a sus clientes con descuentos de hasta 4% si reciben el importe a los dos días.

En otras de menor escala, también del rubro alimenticio, se están pactando bonificaciones del 3% a plazos menores a 15 días. Y, cuanto más chica es la empresa, los márgenes para hacer valer una promoción tienden a estirarse. 

El que ahora establece un premio para pagos en menos de 15 días, hasta antes de la crisis ofrecía 30 o incluso 45 (días).

Dos de las actividades más complicadas por la crisis y el deterioro de la cadena de pagos son la textil y la gastronómica.

En el primer caso, es una de las que hoy día luce más golpeada, y que ahora ve agravar su situación por la recesión. No obstante, el salto del tipo de cambio debería favorecerla a mediano plazo.

Distinto es el caso de los restaurantes. Golpeados por la caída del ingreso real, dependen de la mejora de la actividad económica y de las expectativas.

"Los bancos se comportan así: te prestan un paraguas cuando hay sol y te lo quitan cuando llueve", protesta el dueño de una cadena.

Desde Moodys, Valeria Azconegui, analista del sistema financiero, tiene una visión tranquilizadora del actual momento: "Vemos signos de deterioro en la cadena de pagos pero que no es aplicable a todo el sistema", señala en diálogo con iProfesional.

"La clave es que las altas tasas sean transitorias. Porque, mientras tanto, los bancos van a ser muy restrictivos a la hora de prestar. Ya estamos viendo que seleccionan entre sus clientes menos riesgosos", expresa. 

"Es evidente que quedaron con una menor capacidad prestable tras las últimas medidas oficiales, que incluyeron un incremento de los encajes", completa.

La ola restrictiva alcanza incluso a las compañías rurales. Pese a que cuentan con la garantía de la cosecha, no consiguen financiamiento más barato que el resto. Ni en mejores condiciones. Eso se debe a que los propios bancos soportan restricciones muy severas a la hora de querer fondearse.

Desde un lugar más cómodo, hay un grupo minoritario de fabricantes que, bajo el actual contexto de imprevisibilidad, optan por cuidar su stock. Ante la volatilidad, cortaron las ventas. Es lo que decidió uno de los fabricantes de juegos de azar de la Argentina.

Dante Sica, ministro de la Producciòn, asegura que está al tanto de los inconvenientes. Para el ministro, las Pymes "presentan varios problemas: por un lado caída de la demanda, corrimiento de precios por la devaluación y tasa de interés alta".

Más allá de las palabras de Sica, lo cierto es que el escenario actual ha sido el buscado por el Gobierno. Apremiado por la incertidumbre cambiaria, la dupla Dujovne-Sandleris decidió extremar la política monetaria y apuntó a que la recesión y escasez de pesos hagan el trabajo sucio. 

Fue el "remedio" buscado para intentar frenar la corrida cambiaria. En todo caso, ahora las preguntas remiten a la profundidad y a la duración del ciclo recesivo.

Estas cuestiones serán determinantes para los próximos meses, no sólo para ver la manera en que el Ejecutivo buscará mitigar los efectos negativos de estas medidas.

El "mercado" estará muy atento a la duración del ciclo negativo. En la agenda de los inversores, Argentina no sólo figura por sus idas y vueltas económicas y financieras sino además por el calendario electoral. 

Este tema, que hoy día parece lejano, irremediablemente será central en las próximas decisiones de inversores y empresarios.




iprofesional