El IPC de la eurozona se ralentiza, eclipsa el dato del PIB y refuerza a Draghi

El índice de precios al consumo (IPC) de la zona euro se contrajo una décima en el mes de octubre hasta el 1,4%, frente al 1,5% previsto por los analistas. Este paso atrás de la inflación ha eclipsando casi por completo el notable e inesperado crecimiento económico de la eurozona y ha reforzado el discurso “dovish” (acomodaticio) transmitido por el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, en su última rueda de prensa tras el Consejo de Gobierno de la entidad.
En concreto, según adelanta hoy en su primera estimación la Oficina Estadística de la Unión Europea, Eurostat, la energía sigue siendo el principal responsable del encarecimiento de la cesta de la compra de los ciudadanos comunitarios, (+3,0%, frente al +3,9% de septiembre y al +4,0% de agosto), seguido a distancia por el de los alimentos, el alcohol y el tabaco (+2,4%), los servicios (+1,2%) y los bienes industriales no energéticos (+0,4%).
Peor registro ofrece todavía la lectura del IPC subyacente, del que se excluyen para su cálculo los costes de los productos más volátiles como los alimentos o la energía, que se contrae dos décimas hasta el 0,9% y acumularía así dos meses consecutivos a la baja tras descender en septiembre hasta el 1,1% interanual.
Estos desalentadores datos de inflación han conseguido empañar prácticamente en su totalidad los síntomas de recuperación que emite la economía de la Europa comunitaria, que acelera su crecimiento interanual en casi medio punto en el tercer trimestre hasta el 2,5%, cuando el consenso del mercado esperaba que repitiese el avance del 2,1% cosechado entre mayo junio.
Asimismo, esta desaceleración en el avance de los precios desluce también el descenso de la tasa de desempleo de la zona euro en septiembre, que da un nuevo paso en la buena dirección y se relaja dos décimas desde el 9,1% al 8,9%, un nivel que no visitaba desde marzo de 2009.
De este modo, el EUR/USD, principal termómetro del sentimiento de los inversores en todo lo que hace referencia a la Vieja Europa, se mantenía indeciso, anclado en torno a los 1,1630 dólares, cercano todavía a los mínimos de la sesión en los 1,1625 dólares.
La moneda común europea, cómodamente asentada en las últimas semanas en torno al refugio de los 1,18 dólares, recibió con fuertes ventas las decisiones adoptadas por el BCEen su última reunión y el tono acomodaticio empleado por Draghi en sus declaraciones posteriores.
Si bien la autoridad monetaria ha anunciado una reducción de la cuantía destinada cada mes a comprar activos, la extensión en el tiempo de la vigencia de este programa de estímulo hasta septiembre del año próximo, así como el anuncio de la reinversión de los rendimientos obtenidos una vez finalizado dicho programa (como hace la Reserva Federal (Fed) en Estados Unidos) han sonado demasiado “dovish” a unos inversores que apostaron inmediatamente por las ventas en el euro.
Por el contrario, los mercados bursátiles, ávidos siempre de estímulos monetarios, acogieron con gozo entonces esta versión más moderada de la entidad monetaria y parecen seguir haciéndolo ahora, en un momento en el que el avance de los precios no ejerce presión alguna a la entidada para que mueva ficha y en el que el resto de datos macroeconómicos apuntan al alza, como es el caso del PIB y del empleo.


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