¿Crecimiento o rebote?: La difícil salida de la economía cristinista

Al finalizar la cumbre del G-20, Mauricio Macri anticipó que el crecimiento del año próximo va a ser de 3,5% del producto bruto interno (PBI). De esa manera, sumado a la caída del 2016, que los especialistas estiman cercana al 2% del PBI, a diciembre de 2017 la gestión macrista podrá mostrar un magro crecimiento del 1,43%.

Asumiendo que los pronósticos del Presidente sean ciertos, el Gobierno podrá encarar las elecciones de medio término con “señales de recuperación”, aunque con una economía ligeramente peor a la que recibió en diciembre de 2015. 
El desafío es poder diferenciarse en los hechos del ciclo cristinista de estancamiento oscilante con caída del PBI en los años pares (2012 y 2014) y rebotes en los años electorales (2013 y 2015) producto de poner el gasto público a toda máquina. Rebotes que no alcanzaban para volver a una senda de crecimiento sostenido.
El desafío es diferenciarse del ciclo cristinista de estancamiento oscilante, con caída del PBI en los años pares y rebotes en los años electorales, producto del gasto público a toda máquina. 
De hecho, la economía de Macri a la fecha no difiere en los números del principios de 2015, que tampoco se diferencia de los de mediados de 2013 ni de los de medidos de 2011. “Los años de buenas cosechas encima coincidieron con los años electorales”, dijo a LPO el economista en jefe de la consultora Ferreres, Fausto Spotorno.
Y este es el principal desafío de Macri, convencer respecto de que el repunte de 2017 se trata del comienzo de un nuevo ciclo de crecimiento sostenido y no otro rebote producto de la reactivación del gasto público.
“Los fundamentals son mejores y hay un cambio estructural de la normativa. Eso sí genera a priori razones para pensar en un despegue y no es un rebote, pero para ver si efectivamente se despegó en los números duros, hay que esperar al menos uno o dos años”, aclaró Spotorno.
“Distinguir un rebote de un nuevo ciclo de crecimiento no es tan sencillo. Quizás una forma de discriminarlos es el crecimiento de la productividad del total de los factores, lo cual es un cálculo complejo; o bien ver si el producto sobre cantidad de trabajadores crece en todos los sectores, en especial en los transables (bienes que se pueden exportar o importar)”, explicó el consultor.
“Por ejemplo que el sector financiero crezca con desinflación; o bien, una recuperación generalizada de la inversión, que aun no se ve. Pero si se observara el año que viene, sería indicio de crecimiento sustentable. De nuevo, estas variables llevan tiempo”, agregó.
El ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso Prat Gay.
“El tema aquí es que el empleo depende fuertemente de los servicios. Pero para que reactiven primero tiene que empezar a moverse los sectores más tradicionales de la economía. El comercio viene atrás.”, recordó Spotorno.
En términos generales hay consenso respecto del crecimiento de 2017 aunque los números difieran del 3,2% que pronostican las consultoras Elypsis oEstudio Bein; a un optimista 5%, para Analytica, pasando por el 3,5% de Macri. También hay consenso respecto de que, sin los subsidios a las energéticas y un reordenamiento del gasto público, sumado a una menor presión tributaria (por la baja de retenciones al agro y las nuevas escalas del impuesto a las Ganancias) se dinamizará la economía.
“De momento, solo por la cosecha de trigo y la reactivación de la construcción, tenés un arrastre estadístico de 1,2 puntos porcentuales. Arriba se suman maíz y soja y ya estás en el 3%. Por eso nosotros proyectamos 3,7% de crecimiento para el año que viene”, especificó Spotorno.
Sin embargo, hay dos señales que alarman. La primera es la resistencia del gasto público a la baja como resultado de los aumentos de erogaciones para el pago a jubilados de la Reparación Histórica. Y la segunda es que, como advirtieron desde el Gobierno, ni las inversiones extranjeras que ingresen ni la porción del agro que está despegando, van a permitir recuperar en 2017 los puestos de trabajo perdidos en 2016.
“Las metas fiscales son el principal riesgo”, puntualizó Spotorno quien además remarcó que el esquema fiscal que el gobierno tiene en mente se basa en mejorar la calidad del gasto a la vez que muy gradualmente lo va a bajando y que la suba del PBI impulse la recaudación. “Esto requiere tiempo y disciplina”, subrayó.
En lo que hace al empleo, los sectores clave para el año que viene son el agro y la construcción, mientras que la industria es la afectada. Sin embargo, la producción cerealera, incluso con aumento de la siembra y por consiguiente de la cosecha, no generará los puestos de trabajo perdidos en el sector textil y metalmecánico.
“El tema aquí es que el empleo depende fuertemente de los servicios. Pero para que reactiven primero tiene que empezar a moverse los sectores más tradicionales de la economía. El comercio viene atrás y requiere también de las importaciones”, recordó el economista de Ferreres.