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nforme Económico Semanal del Banco Ciudad

LA SEMANA EN POCAS PALABRAS

En medio de la nueva embestida oficial contra las consultoras privadas, el IPC-INDEC volvió a arrojar (inmutable) un alza de 0,7% mensual y 10% anual. Este incremento resultó cercano a la mitad del capturado por las estimaciones privadas, que se ubicaron en un rango del 1,2% al 1,5% mensual y del 22-24% interanual.A nivel desagregado, se observaron disparidades en prácticamente todos rubros, resultando una de las más notorias la de los alimentos y bebidas, es decir, la inflación del “changuito”. Según el IPC-INDEC, los alimentos y bebidas acumularon un aumento de 10,6% en el último año vs un 28,4% a/a según el IPC-FIEL. Esta discrepancia se trasladó a la medición de la Canasta Básica Alimentaria (línea de indigencia), la cual según los privados trepa a casi $1.200 mensuales para una familia tipo, duplicando la medición oficial ($580).Con febrero, ya van más de cuatro años de intervención del INDEC, a lo largo de los cuales se acumularon diferencias abrumadoras entre las mediciones oficiales y privadas de precios. Según fuentes alternativas, desde fines de 2006 los precios minoristas habrían acumulado un alza del 120%, casi tres veces más que el IPC-INDEC (41%), avanzando en uno y otro caso a una tasa promedio anual de 21% y 8,5%, respectivamente.Estas discrepancias en los índices de precios vienen generando importantes distorsiones en un nutrido abanico de estadísticas oficiales, con diferente grado de relevancia práctica, yendo de las mediciones del nivel de actividad, hasta las cifras de indigencia, pobreza o de la propia deuda pública.En materia de indicadores de actividad, la subestimación de la inflación tiende a sobrestimar el crecimiento. Esto sucede ya que al deflactar la facturación de algunos sectores para obtener su evolución en términos reales, se tiende a “inflar” artificialmente de su ritmo de expansión. En el caso del PIB, las distorsiones serían menores a 1 punto porcentual en la tasa de crecimiento (presentando la medición problemas que exceden la subestimación de los precios), mientras que en el caso las ventas minoristas la discrepancia resulta mucho más significativa (cercana a 10 puntos porcentuales).

Por otro lado, tomando en cuenta los datos de ingresos de la EPH y mediciones alternativas de la canasta básica, las tasas de pobreza (23%) e indigencia (8%) tienden a duplicar las estadísticas oficiales (12% y 3%), en lo que quizás sea la distorsión moralmente más cuestionable. En algunas regiones, como las del norte del país, las diferencias son todavía más abultadas, calculándose tasas de pobreza que trepan al 35-40% en base a índices de precios alternativos.Las discrepancias también salpican los cálculos de la deuda pública, aunque en este caso habría millones de dólares en juego. La subestimación del IPC-INDEC viene arrastrando consigo la deuda indexada por CER y, como resultado, hoy la deuda estaría subestimada en alrededor de USD 33.000 millones (monto que elevaría el ratio deuda sobre Producto en casi 10 puntos porcentuales respecto de las cifras oficiales).Por último, las distorsiones también impiden realizar otro tipo de estimaciones, como el cálculo de salarios reales. Considerando el IPC-INDEC, desde fines de 2006 los salarios reales habrían crecido a razón de 12% promedio por año, alcanzando hoy un nivel 60% mayor al de aquel entonces. Tomando como referencia las estimaciones privadas de inflación, las mejoras trepan a un más palpable 0,8% promedio anual (3,3% acumulado).Con todo, las dudas en torno a la representatividad de las mediciones de precios oficiales (con sus implicancias sobre distintos datos clave), hicieron proliferar a lo largo de los últimos años estimaciones alternativas, en una suerte de “privatización” de hecho de las estadísticas económicas. En la última semana, con la publicación del IPC de febrero y el renovado intento por censurar las mediciones privadas, todo parece indicar que (en un año electoral) la estrategia oficial apunta más a matar al mensajero que ensayar una solución al problema de fondo, la suba generalizada y sostenida del nivel de precios.