Cuando la Bolsa y la realidad no van de la mano

Las acciones suben al mismo tiempo que la inflación se acelera, la recesión se profundiza y se ven episodios de tensión social.
Se viven días de nerviosismo, miedo e incertidumbre en el país.

La semana pasada el dólar superó los 40 pesos y la economía se paralizó.

Muchas empresas frenaron sus compras y ventas a la espera de que se calmaran las aguas en el mercado cambiario. Algunas temieron pactar ventas a precios por debajo del costo de reposición de sus mercaderías. Otras empresas indexaron sus productos a la suba del tipo de cambio, para cubrirse o por pura especulación. Y otras firmas no aceptaron los sobreprecios de sus proveedores esperando una corrección del dólar a la brusca suba que tuvo el 30 de agosto.

En los medios se ven noticias sobre saqueos en Mendoza, Chaco, Chubut y Provincia y Ciudad de Buenos Aires. Agrupaciones de distintas corrientes marchan pidiendo la reapertura de paritarias y que el Gobierno “frene el ajuste”.

La industria anotó su tercera caída al hilo. La recesión se hace sentir y se agravan los problemas de empleo.

La inflación apretó el acelerador y succiona los salarios como una sanguijuela, dejándolos raquíticos.

Este clima semicaótico se viene viviendo desde principios de año en los mercados de bonos y acciones argentinos. El malhumor y negativismo se trasladó a la calle.

En contraste, los bonos y las acciones subieron. Desde el miércoles pasado los precios en dólares están, en promedio, un 13 por ciento más arriba. Precios de bancos y energéticas recuperaron gran parte de lo perdido en los últimos meses con aumentos por encima del 20 por ciento. Esta suba se da en el peor momento del Gobierno. El de mayor tensión y negativismo hasta ahora visto en la gestión de Cambiemos. ¿Señal de piso de mercado?
Sensación térmica de mercado
Ciertamente es imposible identificar con precisión el momento y el lugar en los que el mercado detiene su camino bajista.

Pero podemos encontrar varias características de la coyuntura actual que nos hacen pensar en una “sensación térmica de piso”.

Cuando hablamos de “sensación térmica de piso” nos referimos a un conjunto de señales que nos transmiten el negativismo generalizado que existe entre los inversores y la población sobre el presente y futuro de la economía de un país.

Comúnmente solemos encontrar estas señales después de que se producen bajas de más del 60 por ciento de los precios de acciones, moneda y bonos locales. Cuando la economía de un país está cayéndose a pedazos sin perspectivas de mejoras inmediatas. Las tapas de los diarios se llenan de títulos catástrofe y hay tensión social y manifestaciones recurrentes.

A fines de 2001 Merval cortó con el mercado bajista que había iniciado nueva años antes en 1992. Específicamente hizo piso tres días antes de que se instaurara el tristemente célebre Corralito. Con el caos político, social y económico de diciembre de 2001 y enero de 2002, la Bolsa subió un 131 por ciento. En medio de los saqueos, el quiebre de empresas, la renuncia de De la Rúa, los recambios de presidentes y la salida de la convertibilidad, las acciones exhibieron una suba espectacular.

Naturalmente, vemos el piso del mercado a posteriori, una vez que transcurren los hechos y los precios dibujan una trayectoria ascendente sostenida, con mínimos y máximos más altos. Para que eso pase también se necesitan ver ciertos cambios en las variables económicas que hagan pensar que lo peor ya pasó y que vienen tiempos mejores. Es lo que le daría sustento a esta suba irracional de los precios de las acciones, contraria a lo que marcan los datos negativos de la realidad.

Así como hablamos de sensación térmica de piso, también existe la “sensación térmica de techo”, que se da en momentos de auge económico y optimismo unánime acerca del devenir de un país.

Como sabemos, el mercado castiga consensos y obviedades. Cuando todos creemos que algo va a subir, termina bajando y viceversa.

Recuerdo que en 2011 la revista The Economist sacó en su tapa una foto trucada del Cristo Redentor de Río de Janeiro, en la que aparecía volando con un motor de propulsión en su base, como si fuera un cohete.

El semanario inglés quería señalar que la economía brasileña se había recuperado rápidamente de la crisis mundial de 2008-2009 y estaba despegando hacia el desarrollo. Eran tiempos en los que las acciones brasileñas valían entre tres y cuatro veces más que ahora. Y el dólar en Brasil cotizaba a menos de dos reales. He oído casos de brasileños que, en aquella época, se iban a pasar fines de semana largos a Europa.

Luego pasó lo que conocemos en el país vecino. La economía se cayó a pedazos en medio de los escándalos de corrupción, que involucraban a renombrados empresarios y políticos del más alto poder brasileño. (De hecho, el ex presidente Lula Da Silva resultó condenado por la Justicia y Dilma Roussef fue echada de la presidencia luego de un juicio político). También la crisis global de los commodities y la fuga de capitales desde los países emergentes contribuyeron a que la economía brasileña tuviera la peor crisis de su historia.

A la esperaPor ahora, no podemos hablar de piso de las acciones argentinas. Sería muy imprudente afirmarlo y una muestra de que la ansiedad de que eso suceda nos está superando. Todavía no hay señales esperanzadoras. Todo es negativo. Necesitamos que la realidad nos transmita señales concretas de que la tormenta está pasando y que, a lo lejos, el cielo está despejado.

Hasta la semana que viene,

Bruno Perinelli

Para CONTRAECONOMÍA