Por lo general, las acciones tienden a subir.
Pero también bajan, y mucho más de lo que uno podría llegar a pensar.
“Es solo cuestión de magnitud y de encontrar el momento oportuno”, escribe David Rosenberg, estratega de Gluskin Sheff.
En los últimos 89 años, el S&P 500 solo bajó una vez hasta un 4,4% desde un pico transitorio, y en 2016 esto ocurrió cuatro veces. En 2016, el S&P 500 subió un 9,5%.
“En tres de los trimestres del año, estas correcciones fueron del 10% o más (el promedio fue de 17% y la media de 13%)”, escribió Rosenberg. “Y hay que tener en cuenta que esto ocurre en un contexto de mercado al alza y bajo una economía en expansión, en su mayor parte impulsada por la actividad productiva”.
Gráfico: caídas dentro del año del S&P 500
El miércoles pasado, por ejemplo, el Dow Jones subió por novena jornada consecutiva en lo que ya es su racha más alta desde 1987. Y si conoces un poco la historia del mercado, deberías saber que en 1987 se produjo la infame caída conocida como “Lunes negro” en la que el Dow perdió un 22% en un solo día.
Esta crisis financiera, sin embargo, se produjo en el contexto de una de las mayores tendencias alcistas del mercado, con un índice S&P 500 que escaló de 120 a 1.400 desde 1982 al 2000. El jueves, el S&P 500 cotizaba en torno a 2.360.
Y si queremos pensar en eventos más recientes, basta recordar las violentas y fuertes caídas de corta duración que vimos en los mercados en octubre de 2014, enero-febrero de 2015, agosto de 2015 y enero de 2016. Y esto si dejamos de lado los salvajes movimientos ocurridos de la noche a la mañana por el Brexit y por las elecciones estadounidenses.
En un artículo publicado esta semana por Sam Ro en Yahoo Finance, se presentaba una sencilla lista que esbozó Rosenberg, en la que incluía las 10 cosas a tener en cuenta por parte de los inversores a la vista de los nuevos máximos históricos. Entre las advertencias se encuentran las sensaciones descaradamente alcistas de los inversores, unas expectativas de ganancias reducidas respecto al aumento de los precios, y un índice S&P 500 que supera con creces las proyecciones anuales hechas por más de la mitad de los estrategas de Wall Street.
Entonces, ¿es esta una razón de peso para preocuparse por el mercado? Sí, claramente. La preocupación es una especie de condición sine qua non para la mayoría de inversores. Siempre hay algo por lo que preocuparse.
Si bien los comerciantes y los inversores a corto plazo podrían ver la reciente recuperación económica como una oportunidad para posicionarse tácticamente frente a un eventual descenso, tal y como señalábamos el año pasado, los inversores a largo plazo están saliendo gravemente afectados de las numerosas entradas y salidas del mercado. Si no tenemos en consideración los 10 mejores días para la negociación que las últimas nueve décadas han ofrecido, por ejemplo, habríamos visto como los inversores ganaban un 31% durante este período en lugar del 10,055% que ganaron.
Y tal y como muestra este gráfico de JP Morgan sobre la gestión de la riqueza, quizás la única certeza que puedan tener los inversores es que, así como las acciones subirán, también bajarán. Eso ocurre todos los años.
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